martes, 25 de julio de 2017

La FAJA

Era una banda de tela de más cuerpo, por tanto menos flexible. Oprimía el vestido por el talle o por debajo del pecho. Se sabe que se colocaba con alfileres.
En España se empiezan a llevar en los años 90 del siglo XV.

H. 1490. Milagro de la pierna de San Cosme y San Damián, Pedro Berruguete, Colegiata de Covarrubia, Burgos (detalle)

Principios del siglo XVI. Santa Catalina, anónimo, Capilla de San Pedro, Catedral de Ávila (detalle)

H. 1530-35. Nacimiento de la Virgen, retablo de la vida la Virgen, Francisco de Comontes, Museo de Santa Cruz, Toledo (detalle)

También recibió en nombre de faja la tela con que se ceñía y rodeaba el cuerpo de los niños. 

Bibliografía:
  • Bernis Madrazo, Carmen: Indumentaria Medieval Española, Instituto Diego Velázquez, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, 1956.
  • Bernis Madrazo, Carmen: Trajes y modas en la España de los Reyes Católicos: I. Las mujeres. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC 1975.
  • Bernis Madrazo, Carmen: Indumentaria española en tiempos de Carlos V. Madrid: Instituto Diego Velázquez (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC), 1962.
  • Sigüenza Pelarda, Cristina: La moda en el vestir en la pintura gótica aragonesa. Institución "Fernando el Católico", Excem. Diputación de Zaragoza, 2000. 

jueves, 18 de mayo de 2017

El CEÑIDOR, ceñidero

Banda de tela que se anudaba a la cintura por delante. No llevaba hebillas ni cabos.
Se hacían de lienzo o de seda. Algunos iban bordados y/o llevaban orillas. De colores variados.
Si bien se observa ceñidores durante los siglos anteriores al XV, es en éste cuando más estuvo de moda.  

Mujeres:


XII. Virgen sedente. Monasterio de Santa María de Obarra, Ribagorza, Huesca (detalle) (Imagen obtenida aquí)

1445-1452. Cristo y la Samaritana, Bernat Martorell, Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona (detalle) 

H. 1485-90. Nacimiento Virgen, Pedro Berruguete, Museo Diocesano de Palencia (detalle)

XVI. Retablo de Santa Ana, Maestro de Gamonal, Museo Diocesano de la Catedral de Valladolid (detalle)

Hombres:

H. 1360. Santos Juanes, Maestro Santa Coloma de Queralt, Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona (detalle)

1495. El prendimiento, Alonso de Sedano, Museo Diocesano de Burgos (detalle) 

H. 1500. Adoración de los Reyes Magos, Retablo de la vida de Cristo, Escuela de Fray Alonso de Zamora, Museo catedralicio de Burgos (detalle)


Bibliografía:
  • Bernis Madrazo, Carmen: Trajes y modas en la España de los Reyes Católicos: Las Mujeres; Los Hombres. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC 1975.
  • Sigüenza Pelarda, Cristina: La moda en el vestir en la pintura gótica aragonesa. Institución "Fernando el Católico", Excem. Diputación de Zaragoza, 2000. 

martes, 4 de abril de 2017

La higiene dental

Ya se habló en su momento sobre la higiene en la Edad Media hasta el siglo XVII, hoy toca hablar de la dental.

Hacia 1480. Abrazo en la puerta dorada, Fernando Gallego, iglesia de Santa María, Trujillo, Cáceres (detalle)

La dentadura de la gente del siglo XX, y concretando en la occidental, ha sufrido (sufre y sufrirá) abrasiones, caries, abscesos, perdida de alguna pieza, sarro, coloración negra, piorrea, flemones... ¡lavándose incluso la boca con frecuencia! Y en tiempos pasados, pues lo mismo.
Tenemos noticias sobre el cuidado de los dientes ya desde la época de los romanos (y de los egipcios). Hombres y mujeres trataron por todos los medios no perder piezas dentales (y si era posible las más importantes: las que se veían). Carecer de algún diente era antiestético y por tanto vergonzante. En la mayoría de las ocasiones su pérdida se debía a alguna enfermedad. También se sabe que a ciertos reos, para abochornarlos, se les arrancaban.

Escritos del siglo XIII nos indican cómo debían ser los dientes de una mujer hermosa:  

En Speculum al foder (XV), refiriéndose a la nobleza y a belleza de las mujeres: «cuatro cosas muy coloradas: las mejillas, la lengua, las encías y los labios; cuatro muy blancas: el rostro, los dientes, el blanco de los ojos y las piernas».

En el Libro de Alexandre, de mediados del siglo XIII,  nos dice: «... los dientes bien iguales blancos commo cuajada...»

Para el Arcipreste de Hita, en su Libro de buen amor, 1330-1343: «la nariz afilada, los dientes menudillos, iguales y muy blancos, un poco apartadillos, las encías bermejas, los dientes agudillos, los labios de su boca bermejos, angostillos.»

En la obra Jeu de la Feuillée, de Adam de la Halle, h. 1276, el retrato de mujer ideal era: «la boca fina, fresca y roja, que deja entrever unos dientes regulares y billantes;»

A lo largo de toda la Baja Edad Media aparecen recetas para el cuidado de la boca y el fortalecimiento de los dientes. Estas se adaptaban a las necesidades de la persona, así como de la disponibilidad de determinados componentes. Pero en general las recetas (casi siempre caseras que se transmitían de generación en generación) eran fáciles de hacer, aunque otras llevaban componentes más caros solo aptos para gente adinerada.

Principios del XVI. El entierro de Cristo, Maestro de Becerril, Museo Diocesano de Palencia  (detalle)

El blanqueamiento de los dientes también era una preocupación en aquellos años, se usaban aglutinantes para conseguir algo similar a una pasta, o simplemente se hacían gárgaras con orina.
El uso de la orina se remota a los íberos, y se siguió utilizando durante en el siglo XVII, por su alto contenido en amoniaco; los romanos sólo tuvieron que perfeccionar el método añadiendo sustancias aglutinantes, piedra pómez y otros componentes más agradables. La orina también fue ideal para blanquear la lana y el lino.

Y por supuesto se usaron instrumentos para la higiene: los mondadientes (algunos hechos de madera perfumada). 
El comportamiento en la mesa fue también digno de ser escrito:
«Absteneos de escupir cuando estéis sentados en la mesa. Si os enjuagáis la boca cuando estáis comiendo, no debéis escupir el agua en el plato sino que debéis hacerlo en el suelo y educadamente.No os limpiéis los dientes o los ojos con el mantel.No os mondéis los dientes con un cuchillo, una paja o un palo en la mesa».

Erasmo de Rotterdam escribía: «Es preciso ser muy cuidadoso de tener los dientes limpios, pues blanquearlos con polvos es propio de jovencitos. Frotarlos con sal y alúmina es muy perjudicial y servirse de la orina para este propósito es cosa de españoles».

Dentiscalpium=Mondadientes: 
http://visitmuseum.gencat.cat/es/museu-comarcal-de-l-urgell-tarrega/objeto/dentiscalpium/

Instrumentos de limpieza. Museo Arqueológico de Palencia


El responsable de extraer los dientes era el cirujano-barbero o simplemente barbero. También cortaban el pelo, la barba y las peinaban. Realizaba sangrías. Y algunos... limaban los dientes con un instrumento metálico y los frotaban con una especie de ácido corrosivo... Fantástico método para tener más clientes que necesitaban dientes postizos. Los tratados de medicina hablan de dientes hechos con hueso de vaca, de marfil, de mármol o realizados con perlas, que se unían a los dientes sanos mediante un hilo de oro. Parece ser que las primeras dentaduras postizas se remontan a la época etrusca, aunque empiezan a tener más aceptación hacia principios del siglo XVI, cuya función será simplemente estética.


A continuación varias recetas medievales:

Polvo para los dientes: cinco onzas de alabastro, y cuatro onzas de porcelana, y seis onzas de azúcar fino, y una onza de coral blanco, y otra de canela, y media de aljófar, y media de almizcle. Todo hecho polvo. Limpiarse los dientes con estos polvos y enjuagarse la boca con vino blanco tibio.   

Remedio para los dientes: Haced una cocción de vino blanco y raíz de esquiriola. Y enjuagaos la boca con ella y no os dolerán los dientes.

Remedio para el dolor de ijada: Tomarán nueve cochinillas de unas que andan debajo de los naranjos que, en llegándoles, se hacen peloticas. Molerlas mucho y deshacerlas en vino blanco o en agua de azahar, y darlas a beber al enfermo. Hacer esto treinta días y quitársele ha el dolor de todo punto. Cuando bebiere esto, el enfermo acostarse ha sobre el lado donde fuere el dolor.

Remedio para las muelas: Dos onzas de rosas secas, y otras dos de mirabolanos, dos de nuez de aciprés verdes partidas, media onza de piedra alumbre, una cuarta de incienso, medio cuartillo de miel, medio azumbre de vino blanco. Puesto todo en una olla nueva y tapada muy bien, cueza hasta que mengüe la mitad. Y como haya cocido, coladlo y guardadlo en una redoma de vidrio. Y cuando os dolieren las muelas, poned esta cocción al fuego a entibiar. Y tomadla en la boca a la parte que os dolieren las muelas, y se os quitará el dolor luego.

Para el dolor de los dientes, y muelas: Para el dolor de los dientes, haréis decocción de raíces de jusquiamo, con vinagre, y agua rosada, y tomar de ella en la boca de cuando en cuando. Lo mismo hará una cabeza de ajos asada un poco al rescoldo, y amasada, y después puesta encima de los dientes, ó muelas que duelen, tan caliente como se puede sufrir; advirtiendo, que primero se ha de poner un poco de dicha masa en la oreja, á cuya parte estuviere el dolor.

Dientes movedizos: Si los dientes se menean, ó mueven, tomen alumbre, y agua rosada, y hagan decocción, ó tomen de la raíz del quinquefolium, y alumbre y aplíquenlo para confortar los dientes.

Mal aliento: Quien de si diere mal aliento, tome anís, algarrofas, almastiga y raíz de lirio azul, y cuézalo todo con vino; y use lavarse la boca con él y se quitará el mal aliento.

Bibliografía:
  • Anónimo: Manual de mujeres, en la cual se contienen muchas y diversas recetas muy buenas.
  • Criado Vega, Teresa: Las artes de la paz. Técnicas de perfumería y cosmética en recetarios castellanos de los siglos XV y XVI. Universidad de Córdoba, Anuario de Estudios Medievales, 41/2, julio-diciembre de 2011 pp. 865-897 ISSN 0066-5061
  • Fresneda González,  María de las Nieves: Atuendo, aderezo, pócimas y ungüentos femeninos en la Corona de Castilla, (siglos XIII y XIV) 
  • Herrero, Miguel: Oficios Populares en la sociedad de Lope de Vega.
  • Ortego Agustín, Mª Ángeles: Discursos y prácticas sobre el cuerpo y la higiene en la Edad Moderna I.E.S. Mariana Pineda. Madrid  https://www.ucm.es/data/cont/docs/995-2015-04-06-Higiene_Angeles29.PDF
  • Pérez Samper, María de los Ángeles: Los recetarios de mujeres y para mujeres. Sobre la conservación y transmisión de los saberes domésticos en la época moderna. Universidad de Barcelona.
  • Tena Tena, Pedro: Mujer y cuerpo en Al-Ándalus, Woman and Body in Al-Ándalus Instituto Cervantes. 5 Bis, Cours de la République. F-69100 VILLEURBANNE. C. e.: tena_pedro@yahoo.es BIBLID [0213-2060(2008)26;45-61]
Otras fuentes:
  • http://www.florilegium.org
  • http://www.portalplanetasedna.com.ar
  • http://www.losmoriscos.es/mv_entradas_view.php?editid1=18


domingo, 5 de febrero de 2017

Indumentaria del siglo XIX: ¿una época desconocida para algunos...?

"Nadie sabe cómo se vestía hace un siglo y eso te permite algunas licencias, pero un uniforme no te lo puedes inventar. El vestuario de estos soldados, además, es un hallazgo histórico." (Sobre el vestuario de "Los últimos de Filipinas" 2017).

Hay frases desafortunadas y, como en este caso, pueden dar lugar a equívocos.
Utilizar la palabra "nadie" implica ignorar el trabajo de los investigadores de la indumentaria y despreciar aquellas personas que sí saben sobre este tema, e incluso aquellas otras que guardan en sus casas como tesoros fotografías y ropa de sus antepasados.

En cuanto al "hallazgo histórico", quizá no sepa que se conservan en varios museos uniformes de rayadillo utilizados en Cuba y Filipinas, entre otros el del Capitán Médico Santiago Ramón y Cajal.
Para los interesados aquí otro enlace con más información: ¡Rayadillo!


Y aunque no soy una experta en indumentaria del siglo XIX, quizás por ser la época más fácil para documentarse, basta con asomarse a Internet para encontrar cientos de enlaces e imágenes.

Imágenes de La Revista Ilustrada de los años entre 1880 y 1890 (colección particular).

  


  





     

    




martes, 31 de enero de 2017

Película: La dama del armiño (1947)

La dama del armiño (1947) película dirigida por Eusebio Fernández Ardavín.


SINOPSIS
Hay épocas que son bastante fáciles de reflejar la indumentaria de la gente de la Corte o con poder adquisitivo alto en películas y series. Los siglos XVI y XVII son dos de ellas. Por supuesto ayuda los numerosos retratos que han llegado hasta nuestros días. Sin embargo el responsable de vestuario se enfrenta al difícil «arte» de conseguir que la silueta, corte y los tejidos empleados sean lo más ajustados y creíbles a la realidad de aquellos años. 
En cambio es mucho más difícil que queden reflejados de manera correcta el resto de los estamentos sociales.

En la película La dama del armiño, ambientada a finales de los años setenta (ya que así está datada la pintura) los trajes de la gente de poder adquisitivo alto se salvan por tener un cierto parecido con los retratos de la segunda mitad del siglo XVI. No tanto las lechuguillas ya que no siguen la moda de aquellos años (realmente se conforman con hacer cuellos anodinos) y las calzas o muslos de los hombres jóvenes, o de buen ver, habrían quedado mejor más abombados y enseñando bragueta. 

 

       

A la dueña de doña Catalina tal vez le hubiera ido bien llevar una toca, como corresponde a su edad y función casera. 


La ropilla que lleva Samuel, joven judío converso, que además es orfebre, es obsoleta y no se llevaba abierta (mucho menos en un acto solemne). La hechura del calzón tampoco se ajusta a los años de la segunda mitad del siglo XVI. Y, por supuesto, llevaría zapatos y medias. ¡No botas con tacón!

 

La ropa de uno de los judíos conversos, al ser hombre mayor, es correcta, pero no así los zapatos que parecen de finales del siglo XVII. 


Por último recordar que La dama del armiño está atribuida a Sofonisba Anguissola y datada a comienzo de los 90. Y que la prenda que luce la mujer lleva piel de lince.




miércoles, 28 de diciembre de 2016

Conferencias 2016

Ahora que vamos a cerrar el año, aprovecho para comentar brevemente las dos conferencias que he dado.

En julio, respondiendo a la invitación de Madrigal Medieval, estuve en Madrigal de las Altas Torres, un precioso pueblo de la provincia de Ávila, cuna de la reina Isabel la Católica. Todos los años celebran con una recreación el matrimonio de doña Isabel de Portugal con el rey Juan II de Castilla, padres de la reina Isabel. Con este motivo, mi charla se centró en la vestimenta de los últimos monarcas de la dinastía Trastámara.




En octubre fui a Pamplona para dar una conferencia sobre  la indumentaria de los personajes que aparecen en el retablo de la iglesia de San Julián de Ororbia. El pintor, todavía hoy conocido como Maestro de Ororbia, creó esta magnífica obra de arte en los años 30 del siglo XVI. Esta iniciativa surgió gracias a Patrimonio para Jóvenes, una asociación navarra que descubre y comparte el maravilloso patrimonio artístico de nuestro país a jóvenes universitarios.


Quiero agradecer tanto a Pablo Gónzalez, presidente de la Asociación Las Cuatro Puertas, y a María Pilar Martínez Arce, de Patrimonio para Jóvenes, la invitación y las facilidades que me ofrecieron para dar las charlas.   



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